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Enviado por Variu el 28/4/2008 22:30:00 (19792 Lecturas)

El Museu Valencià d’Etnologia presenta la exposición Vidas minadas. 10 años, del fotoperiodista Gervasio Sánchez. La muestra, que se podrá ver hasta el 8 de junio, retrata la evolución de los niños que fueron mutilados hace diez años y que ahora ya son jóvenes y trabajadores y padres, que han crecido con la marca de la explosión en su cuerpo. Estas historias personalizadas se acompañan de una segunda parte formada por 98 retratos, 48 prótesis y 25 minas antipersonas presentadas en murales.

Vidas Minadas es un proyecto fotográfico de sensibilización que Sánchez realiza desde 1995 con el apoyo de Intermón Oxfam, Manos Unidas y Médicos sin Fronteras, tres de las más de 1.400 organizaciones que en 90 países trabajan para erradicar las minas, un esfuerzo recompensado en 1997 con el Premio Nobel de la Paz. La compañía DKV Seguros, muy implicada en labores sociales y asistenciales es el principal colaborador del proyecto.



Este proyecto también consta de un libro del mismo título publicado en la editorial Blume (www.blume.net), con parte de las fotografías que componen la exposición.

Para más información, se puede consultar www.vidasminadas.com.

Diez años después de la entrada en vigor del Tratado de Ottawa, cuarenta países, entre los que destacan Estados Unidos, Rusia o China, principales productores mundiales de minas y con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, siguen negándose a firmarlo, mientras miles de personas pasan anualmente a formar parte de un impresionante ejército de mutilados.

El impacto humanitario de las minas es más profundo y devastador que los efectos de cualquier otra arma: no sólo cercenan miembros o vidas, también impiden el libre acceso de los campesinos a sus tierras, de las mujeres a los pozos de agua o de los niños al colegio. Como consecuencia de ello, muchas tierras se quedan sin cultivar y familias pobres ven mermados sus ingresos.

El desminado también supone un pozo sin fondo de gastos para los países más afectados. Camboya, uno de los países más minados del mundo, tendría que emplear el equivalente a su producto interior bruto de cinco años si desea eliminar totalmente las minas enterradas. Según la ONU, harían falta 1.100 años y 30.000 millones de euros para erradicar los 167 millones de minas plantadas en 78 países de todo el mundo.

VICTIMAS

Cada año las minas antipersona provocan 15.000 nuevas víctimas. Colombia, Camboya, Afganistán, Angola, Bosnia o Irak destacan entre los 78 países afectados por esta dramática situación. Unos 300.000 supervivientes sufren algún tipo de mutilación. Desde 1997 los 151 países firmantes del Tratado de Ottawa sólo han dedicado un 10% de la cantidad necesaria calculada por las organizaciones especializadas para financiar los programas de atención y rehabilitación de las víctimas de las minas.

PROTESIS

Las víctimas siguen manteniendo una estrecha relación con el dolor físico y sufren secuelas psicológicas. Quienes han sufrido la pérdida de una o dos piernas a edades tempranas necesitarán cambiar de prótesis unas 25 veces antes de morir. El coste económico es imposible de asumir para la mayoría de afectados que viven en países con rentas per cápita inferiores a los 40 euros al mes. Muchos de ellos se han tenido que construir sus primeras prótesis con los materiales más curiosos, incluidos envases de refrescos o carcasas metálicas.

MINAS

El coste de una mina terrestre no llega a los tres euros mientras que localizarla, desactivarla y destruirla supera los 750 euros. Una superficie equivalente a un campo de fútbol, que se siembra de minas en una hora, obliga a tres meses de trabajo si se quiere garantizar su desminado total. Con el actual ritmo de financiación, la ONU calcula que se necesitarán más de 1.000 años para desactivar los 167 millones de minas plantadas en 78 países de todo el planeta.


LOS PROTAGONISTAS

SOFIA ELFACE FUMO
Boane (MOZAMBIQUE)

Sofia Elface Fumo está a punto de cumplir 25 años. Tiene dos hijos, Leonaldo y Alia, de siete y dos años, y estudia en la escuela secundaria. Sus dos principales deseos son conseguir un trabajo y estudiar medicina en la universidad. Habita en Massaca, a 9 kilómetros de Boane y a 42 de Maputo, la capital mozambiqueña, en la casa de su madre Lydia Alberto, y sobrevive de una pequeña parcela agrícola y una ayuda mensual que le envía un ciudadano sueco.
Sofia tenía once años cuando pisó una mina un sábado de noviembre de 1993 sobre las cinco de la tarde. Sus piernas quedaron cercenadas en el lugar de la explosión. Su hermana María fue alcanzada por varias esquirlas en el estómago y quedó malherida. Sofia y su hermana desconocían la existencia de un campo de minas en el lugar donde solían recoger leña. Aunque la guerra ya había concluido, se mantenía el corredor minado con la intención de proteger un campamento de ingenieros italianos. Miembros de organizaciones humanitarias habían insistido en la necesidad de desactivarlo.

En el hospital general de Maputo, un equipo de cirujanos españoles operó a las dos niñas de las graves heridas. Pero María murió de una infección múltiple un mes y medio después del accidente. En julio de 1999 nació Leonaldo, su primer hijo. El padre la abandonó después de dejarla embarazada. Otro golpe terrible fue la muerte por enfermedad de su hermana Anita, con la que mantenía una relación muy especial. Ocurrió el 4 de marzo de 1998, fecha del cumpleaños de Sofia.

SOKHEURM MAN
Siem Reap (CAMBOYA)

Sokheurm Man tiene 25 años, trabaja en el Servicio Jesuita para los Refugiados y se encarga de documentar casos de nuevas víctimas de minas antipersona en la provincia donde vive. Visita las pequeñas aldeas en su motocicleta, se entrevista con las personas mutiladas y recoge sus historias en unos informes individuales que manda por internet a sus jefes en la capital camboyana. También asiste a clases nocturnas de segundo curso de Tecnología e Informática en la Universidad de Siem Reap, muy cerca de los míticos templos de Angkor. Sokheurm fue herido por una mina el 10 de enero de 1996 cuando se dirigía al colegio con Chai Chun, su mejor amigo, muerto en la explosión. Un principio de gangrena obligó a los cirujanos a amputarle la pierna derecha trece días después en una operación que duró cuarenta y cinco minutos. Su padre Theam Man le acompañó durante toda su estancia en el hospital. La familia tuvo que vender una parte fundamental de la cosecha de arroz de ese año para sufragar los gastos. Uno de sus hermanos mayores había muerto unos años antes víctima de otra mina. Diez años después, en enero de 2006, nació su primer hijo fruto de su relación con Nin Lin, una joven de 22 años a la que conocía desde la infancia y con la que se había casado un año antes. El bebé recibió un curioso nombre en español: Enero. El joven participa como activista en la campaña internacional para la erradicación de las minas y viaja a menudo al extranjero para participar en seminarios con víctimas de otros países.

ADIS SMAJIC
Sarajevo (BOSNIA-HERZEGOVINA)

Adis Smajic ha cumplido los 25 años, mide casi dos metros, vive de una pensión como mutilado de guerra, toca en un grupo de hip hop, conduce con gran destreza y se desvive por el fútbol, su pasión desde la infancia. Sigue viviendo en el barrio de Dobrinja con su madre Zineta y su hermana Mirela. Aquí creció durante el cerco infernal que sufrió la capital bosnia durante casi cuatro años. Adis fue herido el 18 de marzo de 1996 por la explosión de una mina antipersona que le produjo profundas cicatrices en la cara y otras partes del cuerpo. Perdió su ojo izquierdo y sufrió la amputación de su brazo derecho. Durante varios días los médicos temieron por su vida. Pasó 36 horas seguidas en el quirófano. Desde su accidente ha sufrido más de una treintena de intervenciones quirúrgicas. Desde noviembre de 1997 Adis ha viajado en siete ocasiones a Barcelona para someterse a diferentes operaciones de cirugía estética dirigidas por el reconocido cirujano plástico Antonio Tapia en la Clínica Quirón. La compañía DKV Seguros se ha encargado de la financiación. La última operación de reconstrucción de su rostro tuvo lugar en octubre de 2004. En la casa de Kukavice, quemada por los radicales serbios, pasó los mejores años de su vida. «La guerra destruyó mis recuerdos de la infancia. En ella murieron mi padre, mi abuela, mi tío, mi otra abuela resultó herida, mi casa bombardeada», explica emocionado el joven musulmán mientras acaricia al perro guardián durante una visita a la aldea en pleno territorio serbio. Su vida ha sufrido una auténtica convulsión en el último año al iniciar una historia de amor con Naida Vreto, una joven de 24 años de gran sensibilidad y delicadeza. «Tengo una chica y puedo hacer planes de futuro con ella. Por primera vez me siento una persona como los demás», dice eufórico.

MANUEL ORELLANA
Apopa (EL SALVADOR)

Manuel Orellana vive con su mujer Edith Hércules y sus cuatro hijos: Christian, de 14 años, Daniel, de 12, Tania, de 10 y el pequeño Manuel, de 6. Su principal ilusión es conseguir que sus hijos estudien en la universidad y puedan superar el círculo de pobreza en el que han vivido desde que nacieron. Manuel perdió ambas piernas pocos días antes de que la guerrilla y el ejército de su país firmasen la paz a finales de diciembre de 1991. Acaba de cumplir los 20 años, llevaba media vida huyendo de los combates y del reclutamiento forzoso y sobrevivía recogiendo café en varias haciendas del volcán San Salvador, una zona repleta de minas. Después del accidente empezó a trabajar en una cooperativa textil que daba trabajo a mutilados de la guerra. Manuel prefirió llevarse dos máquinas de coser antes que cobrar una pequeña indemnización cuando la cooperativa se disolvió a finales de los años noventa. Con ellas comenzó una nueva fase de su vida. Ayudado por su mujer cosía camisas, camisetas y trajes de niños y los vendía en los mercados de Apopa, un pueblo situado a 30 kilómetros de la capital. Los márgenes de beneficio eran escasos, pero la fuerza de voluntad y su capacidad de trabajo permitieron a Manuel sacar adelante a su familia. Hace unos años un avispado hombre de negocios le ofreció comprarle todas las camisetas que fuera capaz de producir. Manuel y su mujer compran la tela al por mayor, la cortan y cosen camisetas de diferentes tallas. Aprovecha los fines de semana para visitar a sus padres Anselma Luz y Aurelio en Chalatenango.

FANAR ZEKRI
LAJAN (KURDISTAN IRAQUI)

Fanar Zekri, de 18 años, perdió ambas piernas en 1996 cuando tenía seis años. Los ortopedistas de la Cruz Roja de Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, todavía recuerdan a aquel niño que hacía acrobacias mientras esperaba su turno en la fila.

Ver jugar al fútbol a Fanar es un espectáculo inolvidable. El joven sortea contrarios con
el balón bien cubierto entre sus manos y lo golpea con los puños. Vive en la aldea de Lajan en el seno de una familia compuesta por nueve hermanos y asiste todas las mañanas a la escuela primaria. Su retraso escolar es consecuencia de la política represiva de Sadam Husein.


MÓNICA PAOLA OJEDA
BUCARAMANGA (COLOMBIA)

Mónica Paola Ojeda quedó ciega y manca el 21 de febrero de 2003 tras la explosión de una mina cuando volvía del colegio. “Papá voy a orinar”, gritó antes de salirse del camino. La deflagración la hizo volar por los aires. “Trataba de abrir los ojos, pero me ardían. Es como si se me hubiesen llenado de tierra”, recuerda la niña.
Su cuerpecito de ocho años quedó inundado de esquirlas. Cuatro años después de la explosión diminutos trozos de metal se le desprenden de su cara cuando se rasca.

Desde entonces vive en el Hogar Jesús de Nazareth en Bucaramanga. Al principio Mónica no levantaba la cara de la cama porque no quería que la viesen sin ojos. Más tarde comenzó a asistir a clases de braille con un profesor particular y hoy realiza sus estudios de primaria en un colegio cercano.

El fotógrafo

GERVASIO SÁNCHEZ

Nacido en Córdoba en agosto de 1959, Gervasio Sánchez es periodista desde 1984. Sus trabajos se publican en Heraldo de Aragón y La Vanguardia y colabora con la Cadena Ser y la BBC.

Es autor de varios libros fotográficos: El cerco de Sarajevo (1995) y los publicados por la editorial Blume Vidas minadas (1997 y 2002), Kosovo, crónica de la deportación (1999), Niños de la guerra (2000), La caravana de la muerte. Las víctimas de Pinochet (2002), Latidos del tiempo (2004), junto al escultor y artista plástico Ricardo Calero, y Sierra Leona, guerra y paz (2005). Coordinó en 2001 junto a Manuel Leguineche el libro Los ojos de la guerra (Homenaje a Miguel Gil) y en 2004 publicó el libro literario Salvar a los niños soldados. Ha recibido los premios Cirilo Rodríguez, Club Internacional de Prensa, Andalucía de Cultura, Derechos Humanos de Periodismo, Liber Press, Javier Bueno. Las instituciones aragonesas le han concedido la Medalla de Oro de Santa Isabel de Portugal y la Medalla al Mérito Profesional, además de nombrarle hijo adoptivo de Zaragoza. Es enviado especial por la paz de la UNESCO desde 1998.

Más información
www.vidasminadas.com

Horario
De martes a domingo y festivos: de 10 h a 20 h.

Entrada gratuita

Museu Valencià d’Etnologia
Centre Cultural La Beneficència
C/ Corona, 36
46003-València
Teléfono: 963 883 565

www.museuvalenciaetnologia.com

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